Isla de Ré, el paraíso blanco

Isla de Ré, el paraíso blanco

Este verano estuvimos de roadtrip recorriendo la costa oeste de Francia y pasando por Bélgica y Holanda. En nuestra ruta, uno de los sitios de visita imprescindible era la Isla de Ré, y todo porque hace muchos años me regalaron un libro titulado ‘Los paraísos más bonitos’ o algo así, en el que venía una foto de cada lugar y un pequeño texto, y de los tres lugares que destacaban de Francia -que ya es difícil elegir solo 3- la Isla de Ré, era uno. Total, que se me quedó grabado como un destino que debía conocer en algún momento y, después de los años ¡por fin he tenido la oportunidad de descubrir este pequeño paraíso blanco tan sorprendente, como recomendable!

Aunque está ubicada en plena Francia Atlántica, recibe tantos días de sol como la famosa Costa Azul del Mediterráneo. Y eso se nota en la energía que emana la isla. Para que os hagáis una idea, la Isla de Ré tiene prácticamente el mismo tamaño que Formentera (30 km de largo por 5 km de ancho) y de hecho tienen un aire en cuanto a la forma; las dos son alargadas y hay partes tan estrechas que se puede ver el agua prácticamente a ambos lados. Eso sí, no es por menospreciar porque ya os digo que me hubiera quedado un mes en esta preciosa isla, pero el color del agua de Formentera es otro cantar…

 

 

Para llegar en coche hay que atravesar un puente de 3 km desde la Rochelle y pagar un peaje de unos 15€, según la época del año que vayas. Una vez llegas a tierra firme te das cuenta de que el transporte rey de la isla es la bicicleta, y eso mola mucho, porque hay muchos carriles exclusivamente para bicis, sin embargo, también hay muchos coches, y el problema es que para el ciclista cruzar alguna de las vías principales llega a suponer un suplicio. Toca armarse de paciencia y esperar hasta que algún conductor -como nosotros ;)- se apiada y te deja cruzar.

Lo que hace tan especial a la Isla de Ré es que ha sabido conservar su encanto y su autenticidad. Clasificada como lugar protegido, la isla te conquista tanto por la belleza de sus paisajes, como por sus 10 pueblecitos de casas bajitas y blancas, contraventanas verdes y sus callejones rebosantes de malvas reales. Pueblos auténticos y con encanto que parecen sacados de un verdadero cuento y por los que da gusto perderse.

Aunque nosotros disfrutamos de la isla únicamente dos días, porque si no nunca llegaríamos a nuestro destino, el gran premio de Fórmula 1 de Francorchamps, creo que nos cundió bastante.

 

 

Empezamos conociendo Saint-Martin-de-Ré, la capital de la isla de Ré y una visita obligada. Dejamos el coche en uno de los parkings habilitados fuera de la muralla y aunque no son baratos, no hay otra opción. Este pueblecito tan pintoresco es conocido por su belleza, su puerto, sus callejuelas y por su ciudadela de 14 km de largo en forma de estrella que fue construida entre 1681 y 1685 por el mariscal Vauban, y está inscrita como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aprovechamos para dar una vuelta por el puerto, contemplar el precioso mar desde la ciudadela, visitar la tienda de Tin Tin, y terminamos comiendo un kebab en la terraza de un restaurante turco (como podéis imaginar de lo más asequible).

 

 

Seguimos nuestro camino hacia Ars en Ré, otro precioso pueblo como veréis por las fotos donde encontré la casa de mis sueños. Una preciosa casita con contraventanas malvas y un montón de flores en la fachada y cuidado al detalle. ¡Una preciosidad! Y no lo digo yo, está catalogado como una de los más bonitos de Francia y dicen que es el pueblo de las casas que se esconden en las páginas de las revistas de decoración. Destaca el famoso campanario pintado en blanco y negro. Aquí después del paseo nos sentamos a disfrutar de un rico postre en una de las famosas heladerías al lado del puerto.

 

 

Terminamos nuestro recorrido en el icónico Faro de las Ballenas, la punta más occidental y desde donde dicen que se obtiene la mejor vista panorámica de la isla, después de subir los 257 escalones hasta la cima. A nosotros nos pilló el acceso al faro cerrado porque coincidimos con un festival de jazz, pero sentados detrás del faro contemplando el mar, con la música de fondo y la puesta de sol, lo recuerdo como un momento muy mágico. También pusimos nuestro granito de arena colaborando en aumentar la altura de los hitos de piedras que saludan al mar.

 

 

En definitiva, una isla preciosa que invita al descanso y al relax, sobre todo al caer la noche, a perderse por sus pueblecitos dando largos paseos, a ir a la compra en bici, sin prisas, disfrutando del sol, de las playas, del paisaje, del mar, de la naturaleza… Un auténtico paraíso en el que reconectar con uno mismo y volver con las pilas cargadas.

 


 

INFORMACIÓN PRÁCTICA

 

 

¿DÓNDE DORMIR?

Nos costó bastante trabajo encontrar algo libre, pues buscábamos camping en agosto y sin haber reservado previamente… Después de varias llamadas, lo encontramos en Camping Seasonova, por  una parcela pagamos alrededor de 30€.

 

¿CÓMO LLEGAR A LA ISLA DE RÉ DESDE ESPAÑA?

  • En avión tienes vuelos a Burdeos y Nantes desde Madrid, Sevilla, Barcelona. La duración del vuelo es entre 1h10 y 1h50.
  • En tren desde Madrid a la Rochelle son unas 11h30 desde Barcelona a la Rochelle 8H30
  • En coche desde Madrid hay unos 875 kilómetros y desde Barcelona 750 km.

 

http://www.isladere.es/

http://es.france.fr/es/descubre/en-isla-re

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